Paquimé

Hace cerca de mil años, un misterioso grupo de filiación lingüística desconocida comenzó a crear una nueva civilización en el noroeste del estado de Chihuahua. Construyó una gran ciudad, Paquimé, además de múltiples caseríos dentro de cuevas serranas; todo ello bajo un estilo arquitectónico peculiar y elegante. Casas con techos de vigas de madera, gruesos muros de adobe, ventanas circulares y puertas en forma de “T” son su seña clásica, aunque también erigió juegos de pelota como en la lejana Mesoamérica, obras hidráulicas y de drenaje, muros defensivos y adoratorios. Repentinamente, luego de siglos de desarrollo, esta gran cultura colapsó. 

Hoy podemos admirar sus asombrosos restos en las zonas arqueológicas de Paquimé, incorporada a la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1998, y Cuarenta Casas, en las cercanías de Casas Grandes y Madera, respectivamente, donde además hay otros sitios arqueológicos menores en tamaño pero no en belleza. El viajero encontrará también en esta región el notable pueblo de Mata Ortiz, que ha rescatado y reinterpretado la antigua cerámica de Paquimé; deslumbrantes colonias mormonas, señoriales haciendas y antiguas misiones. El noroeste de Chihuahua ofrece una de las rutas arqueológicas más interesantes y desconocidas de nuestro país. 

 

 Un pueblo mágico, lindo y apacible:
Casas Grandes 

 

1Cómo llegar: Nuevo Casas Grandes se localiza a 280 km al suroeste de Cd. Juárez vía Janos (carreteras federales 10 y 2) y a 290 km al noroeste de Chihuahua vía Ricardo Flores Magón (carreteras federales 45 y 10). Son 7 km al suroeste de Nuevo Casas Grandes a Casas Grandes.

Cuando a mediados del siglo XVI los primeros españoles llegaron a este rumbo y contemplaron las magníficas ruinas de Paquimé lo llamaron Casas Grandes. En 1661, los frailes franciscanos establecieron aquí la misión de San Antonio de las Casas Grandes para evangelizar a los indios janos y sumas, y como lugar de retiro de los soldados hispano- mexicanos de los presidios cercanos. La bonita iglesia parroquial actual es la heredera del primer templo misional.

En el pueblo vale la pena disfrutar también su Plaza de Armas y sus otros jardines públicos, sus tiendas de artesanías y el río Casas Grandes con sus riberas arboladas. La historia de este cálido poblado le ha valido la fortuna de de ser nombrado por la Secretaría de Turismo "Pueblo Mágico" que sin duda atraerá mayor inversión en infraestructura y promoción turística del destino. En el siglo XX, la mayoría de los pobladores de Casas Grandes se mudaron a la cercana estación del ferrocarril y fundaron la moderna ciudad de Nuevo Casas Grandes, a 7 km al noroeste del primer poblado, ahora conocido coloquialmente como “Pueblo Viejo”. 

 

 

 

Las fascinantes ruinas de una gran ciudad:
Paquimé 

Cómo llegar: El estacionamiento de la zona arqueológica se localiza a poco más de 1 km al sur de la iglesia de Casas Grandes, por la calle Independencia. 

2Esta extensa y sofisticada urbe del México antiguo nació como una aldea hacia los siglos VIII o IX d. C. pero fue varios siglos después, a inicios del segundo milenio, cuando alcanzó su época de mayor florecimiento. En torno al siglo XIII llegó a contar quizá con unos 10,000 habitantes y una superficie construida de 50 o 60 hectáreas. Al parecer, la intensificación del tráfico comercial con Mesoamérica, tuvo que ver con este auge. Sin embargo, más tarde vino la decadencia y se cree que en algún momento de los siglos XIV o XV fue asolada por guerreros extraños, quemada y abandonada. Quizá el rasgo más impresionante de Paquimé es su avanzado grado de refinamiento en medio de las llanuras del noroeste de Chihuahua, donde la escasez de agua, los crudos inviernos y el sol inclemente la mayor parte del año crean un entorno aparentemente poco propicio para la alta cultura. Sus ruinas han sido motivo de asombro para todos los viajeros desde el siglo XVI hasta la actualidad. Y aunque existe relación con las ciudades edificadas por las altas culturas del actual sudoeste de Estados Unidos, son realmente únicas. Su existencia pone en duda la idea misma de Mesoamérica como el espacio exclusivo de grandes civilizaciones en Norteamérica. 

43Llama la atención en primer término el material de construcción de Paquimé: la arcilla prensada. En otras palabras, adobe, sólo que sin formar ladrillos. Con ella llegaron a levantar toda la ciudad, incluidos edificios de varios pisos. Lamentablemente, la fragilidad misma de este material obliga a que ahora los visitantes vean los edificios de la ciudad desde cierta distancia. Se cree que varias de las grandes estructuras visibles hoy fueron casas. Algunas ostentaron pinturas y contaron también con una especie de estufas que sirvieron como sistemas de calefacción central, además de norias y canales para abastecimiento de agua. Una de las estructuras es llamada hoy Casa de las Guacamayas porque en ella se encontraron lo que parecen haber sido jaulas con estufas cercanas para mantenerlas cálidas. Los antiguos habitantes de Paquimé criaban en ellas aves como la guacamaya militar (Ara militaris), oriunda de las partes hondas de las barrancas chihuahuenses, y el guajolote. Otra más es la Casa de los Hornos, donde se encontraron varios hornos, probablemente utilizados para cocer piñas de lechuguilla o agave y obtener así una bebida parecida al actual sotol o al mezcal. 

Las hipótesis que ubican a Paquimé como una gran urbe comercial parecen tener su confirmación en varios hallazgos arqueológicos. Plumas y huesos de guacamayas escarlatas (Ara macao), cuyo hábitat más cercano está en la costa del Golfo de México, y turquesas, extraídas en Nuevo México, remiten a larguísimas rutas mercantiles. Hay otros edificios notables en esta zona arqueológica. Destacan dos juegos de pelota con la clásica forma mesoamericana de I latina, una plataforma ondulada que concluye con una cabeza de serpiente, además de varias estructuras ceremoniales. La más grande de éstas tiene forma de cruz, con 15 metros de diámetro y está orientada hacia los cuatro puntos cardinales. 

 

 

Un recinto cultural insoslayable:
El Museo de las Culturas del Norte 

 

Cómo llegar: Se localiza junto a la zona arqueológica de Paquimé, frente al estacionamiento. 

56Ubicado junto a Paquimé, este museo a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia es uno de los más interesantes del estado de Chihuahua, tanto por su contenido, como por su atractiva museografía y la notable arquitectura del edificio que lo alberga. Fue inaugurado en 1996. Aborda varios temas: el poblamiento inicial del norte de México, la Gran Chichimeca, historia y arte de la cultura Paquimé, el fin de la ciudad de Paquimé e historia y arqueología de la Misión de San Antonio de Padua (en Casas Grandes). Su acervo rebasa las 2,000 piezas. El diseño vanguardista del edificio, que busca integrar a su estructura elementos del paisaje circundante y de la propia cultura Paquimé, ganó el Premio Internacional de Críticos en la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires, Argentina, en 1992. Aparte de las tres salas de su exposición permanente, este museo cuenta con cafetería, tienda de regalos, vestíbulo para exposicionestemporales, auditorio, sanitarios y una muy recomendable terraza. 

 

Como un pueblo de Utah:
Colonia Juárez 

 

Cómo llegar: Colonia Juárez se encuentra a 16 km al poniente de Casas Grandes, por carretera estatal pavimentada. 

7En tiempos de Porfirio Díaz, cuando el gobierno mexicano alentaba la inmigración, cientos de mormones procedentes de Estados Unidos llegaron al noroeste de Chihuahua y al noreste de Sonora y fundaron varias colonias. Debido a la Revolución y otros sucesos, algunas de tales colonias desaparecieron, pero otras han sobrevivido y prosperado hasta nuestros días. Una de ellas es Colonia Juárez, fundado por 96 mormones estadunidenses en 1886. Su origen no es su única peculiaridad. Llama mucho la atención su sobria arquitectura de claro sello estadunidense. Entre sus abundantes huertas de manzana y durazno destaca el elegante edificio de la Academia Juárez, de 1904, y el templo de mármol de la comunidad. Otra de las colonias mormonas que han sobrevivido hasta la fecha es Colonia Dublán ya conurbada a Nuevo Casas Grandes (al norte de la ciudad). Sus habitantes se distinguen por su laboriosidad y su buen desempeño en la ganadería y fruticultura. 

 

 

Del Dueño de Chihuahua:
Hacienda de San Diego 

 

Cómo llegar: En Colonia Juárez hay que enfilar hacia el sur (izquierda) y tomar la carretera pavimentada rumbo a Mata Ortiz. 

8A 8 km inicia, al oriente (izquierda) un ramal de 3 km que lleva hasta el casco de la hacienda.  Señorial y bonita, esta hacienda, como otras muchas del estado, perteneció al famoso político y terrateniente chihuahuense Luis Terrazas. El personaje adquirió la propiedad en 1874; sus iniciales todavía lucen en la fachada de la hacienda. A pesar de su abandono, tiene un enorme valor como muestra de la arquitectura de su tiempo. Además es un sitio histórico notable: en marzo de 1911, tras perder la batalla de Casas Grandes, aquí se refugiaron los revolucionarios y nombraron presidente provisional de la República a Francisco I. Madero. Para muchos, esta hacienda significa de algún modo el Palacio Nacional.

 

 

 

 

 

Cerámica de ensueño:
Juan de Mata Ortiz 

 

Cómo llegar: Desde la Hacienda de San Diego hay que desandar el ramal de 3 km y en la carretera principal doblar al sur (derecha); Mata Ortíz está 8 km más adelante. Desde Colonia Juárez son 16 km por la carretera estatal pavimentada. 

9E10ste pueblito es hoy uno de los principales centros alfareros de México. Gracias al maestro Juan Quezada Celado en él se elabora una de las cerámicas más finas y mejor cotizadas del país. El nombre del pueblo honra a Juan Mata Ortiz, un militar mexicano que murió en la guerra contra los apaches. A principios del siglo XX contó con el aserradero más grande del mundo. La ganadería fue otra actividad económica importante del poblado durante el siglo pasado, pero ahora, la mayor parte de la población fabrica elegantes ollas y piezas de barro. Este nuevo giro tuvo su origen hace 50 años, cuando Juan Quezada, un ranchero local, encontró unas ollitas de la cultura Paquimé en una cueva de la sierra mientras pastoreaba cabras. Al muchacho le gustaron esas piezas y decidió hacer otras semejantes. Pero lograrlo no fue fácil: encontrar el barro idóneo, los pigmentos naturales y los pelos, de animal y de humano, para los pinceles, además de aprender el proceso de cocimiento de las ollas, le tomó muchísimos años. En 1976, cuando ya tenía un cierto dominio sobre este arte, lo conoció el antropólogo estadunidense Spencer MacCallum, quien se entusiasmó con sus ollas pintadas y se lanzó a promoverlo. Al cabo de cierto tiempo, tales piezas se convirtieron en el fenómeno de arte popular que ahora son en Estados Unidos, principalmente en Nuevo México, donde hasta el día de hoy resultan más conocidas que en nuestro propio país. En 1999 Juan Quezada recibió el Premio Nacional de Artes y Tradiciones Populares y ahora su obra se exhibe en el mundo entero. 

Lo más interesante de Juan Quezada es que ha compartido su sabiduría artística y técnica con todo su pueblo, sin el más mínimo temor a ser superado por la competencia, de modo que ahora casi todas las familias de Mata Ortiz se dedican a la fabricación de cerámica estilo Paquimé. Y casi en cualquier patio del pueblo se puede ver como dan forma, pintan y hornean las ollas “Mata Ortiz”. 

 

Un paraíso de piedra:
Valle de las Cuevas 

 

Cómo llegar: Desde Mata Ortiz hay que desandar 3 km de la carretera a Casas Grandes. Ahí inicia a mano izquierda (poniente) la carretera de 41 km (pavimentada en tres cuartas partes) al Willy. El Valle de las cuevas inicia 1 km al sur. 

11Una excursión que los aventureros y los amantes de la arqueología no querrán perderse es a esta zona arqueológica de la cultura Paquimé, aunque situada ya en plena Sierra Madre Occidental. El poblado de referencia es Ignacio Zaragoza, mejor conocido como El Willy, a 65 km al suroeste de Casas Grandes. A 1 km al sur de ahí inica el Valle de las Cuevas, también llamado Québale (porque los colones mormones lo llamaban en inglés “Cave Valley”). Los cerros de la zona tienen, en efecto, numerosas cuevas y en algunas de ellas sobreviven construcciones de la cultura Paquimé. 

La cueva más importante del conjunto y que puede visitarse es la Cueva de la Olla, una gran hoquedad natural que alberga siete recintos, además de un enorme coscomate, es decir, una troje cerrada hecha de barro y sobre un pedestal, de modo que proteja los granos de la humedad y de los roedores. Como el coscomate es redondo y parece olla, le ha dado el nombre a la cueva. En total son ocho cuevas, unas con construcciones de cultura Paquimé, otras sólo con pinturas rupestres que corresponden a una etapa histórica anterior a la agricultura. 

 

Regalo del pasado:
Cuarenta Casa

 

Cómo llegar: En Madera hay que tomar la carretera hacia el norte, rumbo a Mesa del Huracán. La entrada a la zona arqueológica está a 42 km a mano izquierda (poniente). 


12Esta zona arqueológica es una de las más bellas de México. Sus construcciones no son muy numerosas ni muy grandes, pero su ubicación en una serie de abrigos rocosos sobre una barranca de la Sierra Madre Occidental le otorga un magnífico marco natural y un aire peculiarísimo. Como los demás sitios arqueológicos mencionados en este capítulo, Cuarenta Casas fue un asentamiento construido por la cultura Paquimé. Sin embargo, a la llegada de los españoles en el siglo XVII, éstos encontraron que la Cueva de las Ventanas estaba ocupada por indios jovas. 

La zona consta de una serie de hoquedades en las barrancas con construcciones de arcilla prensada. Varias de ellas son visibles desde los senderos que hoy utilizan los viajeros que se acercan a la barranca, sin embargo, sólo la Cueva de las Ventanas es visitable. Ésta es un abrigo rocoso muy ancho y de unos pocos metros de profundidad, situado a unos 25 metros por encima del fondo de la cañada. En ella hay restos de una docena de recintos que en algún momento tuvieron varios pisos de alto. Aquí y allá se conservan restos de estufas y de grandes graneros (tipo coscomate), además de pinturas con diseños estilizados. Se piensa que este lugar pudo haber sido una guarnición de la cultura Paquimé para vigilar los accesos a la Sierra Madre Occidental, por donde pasaban sus rutas comerciales. 

 

Aventuras serranas:
Ciudad Madera 

 

Cómo llegar: Desde Nuevo Casas Grandes son 240 km hasta Madera por carreteras federal 10 y estatales 28, 10 y 16 que pasan por las ciudades de Buenaventura, Gómez Farías y Bavícora. Desde Chihuahua son 280 por la federal 16 y la estatal 16; vía Cuauhtémoc, La Junta y Cd. Guerrero. 

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En la parte sur de la región noroeste de Chihuahua, se encuentra esta ciudad, cuyos alrededores serranos son muy hermosos y poco visitados. Madera es una moderna ciudad comercial que, como lo indica su nombre, ha forjado su prosperidad principalmente con los aserraderos, si bien hay una destacada actividad ganadera, piscícola y agrícola en los sitios aledaños. Por su buena infraestrucutra de hoteles, restaurantes y servicios es la base de operaciones ideal en la visita a Cuarenta Casas y Huápoca. Pero Madera cuenta también con otros rincones interesantes en las cercanías. A 11 km al norte, por la carretera que va a Mesa del Huracán y Cuarenta Casas está la Presa Peñitas, un tranquilo cuerpo de agua con cabañas rústicas donde se puede pescar trucha pues hay un criadero para tales fines. En el invierno, esta presa de 1,500 metros de longitud en su eje mayor recibe aves migratorias procedentes de Canadá, por lo que se ha convertido en un codiciado destino de turismo cinegético. Otro punto ideal para aventureros es Sírupa, se ubica a unos 38 km al sur de Madera por terracería. Es una barranca con manantiales y una bonita cascada, donde además se pueden ver más sitios de cultura paquimé en respaldos rocosos. Los manantiales están a 20 minutos a pie de la ex hacienda de Sírupa (un antiguo edificio de adobe), localizado después del bonito y tembloroso puente colgante del mismo nombre que atraviesa la barranca. 

 

 

 

Lo que guarda el acantilado:
Barranca de Huápoca

 

Cómo llegar: Esta ruta sigue un camino en su mayor parte de terracería. Desde Madera son 27 km hasta el Conjunto Mogollón; 8 km después está el río y el balneario de Huápoca; la Cueva Grande está 4 km al otro lado del río. 

15Al poniente de Madera, un camino depara varias pequeñas maravillas. La primera es la zona arqueológica Huápoca o Conjunto Mogollón, que consta de varias construcciones en una serie de cuevas que dan a las profundidades de la barranca de Huápoca. Conforme el camino avanza, desciende sobre las laderas de dicha barranca y de 2,100 metros sobre el nivel del mar en Madera, se llega al río Huápoca que ahí corre a 1,360 metros sobre el nivel del mar. Antes del río, un ramal del camino conduce al Balneario Huápoca, situado a unos 600 metros al sur. Aquí, una serie de albercas sobre la orilla del río represan las deliciosas aguas termales que nacen ahí. Un puente colgante permite el cruce sobre el río. Y a 4 km de ahí se encuentra la encantadora zona arqueológica de Cueva Grande, que en efecto es una caverna con una boca enorme (de unos 15 metros de altura). En su interior alberga varias construcciones de la cultura paquimé, con sus gruesos muros de arcilla prensada y sus clásicas puertas en forma de “T”. En temporada de lluvias, una cascada cae frente a la boca de la cueva, tapándola parcialmente y convirtiendo al lugar en una especie de escenario de cuento fantástico. Ambas zonas arqueológicas abren de lunes a domingo de 9 a 17 horas y el acceso es gratuito.